Saborear por la nariz
Si nos tapamos la nariz no podemos degustar nada que nos metamos en la boca. Y es que la nariz no sirve únicamente para oler, sino también para gustar, es decir, buena parte del sentido del gusto lo tenemos precisamente en la nariz. Si nos pinzamos la nariz, perdemos aproximadamente un 80% de nuestro sentido del gusto. Por eso cuando tenemos que tomar una medicina que nos desagrada nos pinzamos la nariz y acto seguido la ingerimos de un trago.
Cuando estamos resfriados, se forma una mucosa sobre las células del olfato, en la parte superior de las fosas nasales. Esto hace que las células del olfato se queden aisladas. Por el contrario, cuando la nariz está libre, los olores pasan directamente a la fosa nasal por delante de la mucosa. La mucosa del olfato está recubierta de pelitos extremadamente finos.
Las moléculas de las sustancias aromáticas, en forma de gas, estimulan las terminaciones nerviosas que, a su vez, transmiten ese estímulo al cerebro. Y, como en el caso de la vista y el oído, finalmente no percibimos impulsos nerviosos, sino, efectivamente, olores.


